Vacunación contra influenza

Debido a la constante variación antigénica del virus de la influenza, la vacuna debe reformularse de manera anual con el fin de aproximarse a las cepas circulantes y así mantener su efectividad en la reducción de la mortalidad y las formas graves de la enfermedad. En consecuencia, la preparación de la vacuna de influenza requiere el
monitoreo permanente de los tipos virales circulantes a lo largo del año, actividad que realiza la red mundial de vigilancia de influenza, de la cual forman parte 142 laboratorios nacionales ubicados en 112 países a nivel global, entre éstos México. Cada país se encarga de seleccionar los virus de influenza más prevalentes en su territorio y enviarlos a los cinco centros de referencia e investigación de la Organización Mundial de la Salud (OMS), con el fin de que sean analizados y se emitan recomendaciones de las cepas que deberá incluir la vacuna en cada nuevo ciclo estacional.
La vacuna está compuesta por cepas de influenza tipos A y B, que son las que ocasionan mayores complicaciones y mortalidad, además de su potencial pandémico. Sin embargo, la variación de la vacuna está dada en función de los subtipos, y los de mayor circulación en años recientes, y por lo tanto más frecuentes en la composición de la vacuna, son A(H1), A(H3), A(N1), A(N2), y las líneas B/Yamagata y B/Victoria. Cada vial está constituido por tres o cuatro cepas de virus influenza y conservantes de la vacuna; fenoxietanol, trazas de detergente, solventes y formaldehído, utilizados durante la purificación, y el cultivo de las de las cepas vacunales. Los viales multidosis contienen trazas de antibióticos (aminoglucósidos), necesarios para evitar el crecimiento de hongos y bacterias. Para lograr una mayor capacidad inmunógena algunas preparaciones actuales de vacuna trivalente inactivada incluyen adyuvantes (p. ej., emulsión de aceite en agua o virosomas).
Las vacunas contra influenza se pueden clasificar según el estado del virus, número de subtipos contenidos, forma de producción y vía de administración.
Según el estado del virus: puede clasificarse en vacuna inactivada (VI) o vacuna atenuada (VA). La vacuna inactivada puede ser preparada a partir de virus completos o de subunidades; los primeros fueron más utilizados cuando empezó a producirse la vacuna, sin embargo debido a la mayor reactogenicidad están siendo desplazados por las subunidades virales. En la vacuna inactivada de virus completos se requiere un proceso de inactivación y purificación, mientras que en las que se utilizan subunidades del virus sólo se requiere el proceso de purificación.

Según el número de cepas contenidas en cada vial: las vacunas pueden clasificarse como trivalentes o tetravalentes, y pueden contener A(H1N1), A(H3N2), y cepas de los linajes B/Victoria, y/o B/Yamagata.
Según la técnica de producción: las vacunas pueden ser cultivadas en embrión de pollo o mediante tecnología recombinante. La vacuna producida a partir de la partícula viral y mediante cultivos en embrión de pollo ha sido la más utilizada debido a que es la técnica más conocida y era la única que se tenía hasta hace pocos años, sin embargo es poco eficiente para la producción de vacunas a gran escala y de abastecimiento en periodos cortos. Por otra parte, la tecnología recombinante emplea ingeniería genética para obtener los antígenos virales.

 

Según la vía de administración: la vacuna puede ser parenteral (intramuscular) o en aerosol por vía nasal. Ambas vías son más usadas porque ocasionan menos reactogenicidad que las vías subcutánea o intradérmica.

 

La población blanco para la vacuna ha variado desde su concepción, en razón de los objetivos particulares de los países que tenían acceso al biológico; no obstante, la OMS como organismo internacional a favor de la salud poblacional ha sugerido vacunar estos grupos de riesgo, indistinto del orden: 1) niños y niñas de 6 a 59 meses de edad; 2) adultos mayores; 3) individuos con afecciones crónicas; 4) trabajadores de la salud, y 5) embarazadas. En México la vacuna contra influenza se introdujo al Esquema Nacional de Vacunación en 2004, con la inclusión de niños y niñas de 6 a 23 meses de edad y adultos de 65 años de edad y más; al año siguiente se amplía su uso a los niños hasta 35 meses de edad. En la actualidad está dirigida a todos los niños y niñas de 6 a 59 meses, personas de 5 a 59 años con factores de riesgo y todos los adultos mayores de 60 años y más. En los adultos se emplea la VTI, en dosis anuales de 0.5 mL, administrada por vía intramuscular en el músculo deltoides.

 

En resumen, los ensayos clínicos aleatorizados y estudios observacionales demuestran de forma consistente que la vacuna es segura en el adulto mayor. A pesar de la dificultad para obtener medidas ponderadas de la efectividad de la vacuna, existen estudios que documentan su eficacia. Aunado a lo anterior, se cuenta con los resultados obtenidos a partir de los sistemas de vigilancia que señalan descenso de la enfermedad durante los periodos en que son implementadas las estrategias de vacunación. No obstante, se requieren ensayos clínicos bien diseñados que fundamenten la mejor estrategia para reducir la morbilidad grave, las complicaciones y la mortalidad en los adultos mayores ocasionadas por la influenza.

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Bibliografía: Luis Miguel F. Gutiérrez Robledo, Lourdes García García. (2014). VACUNACIÓN EN EL ADULTO MAYOR: PERSPECTIVA DE CURSO DE VIDA. 13 de febrero 2017, de Instituto Nacional de Geriatría Sitio web: http://www.geriatria.salud.gob.mx/contenidos/menu1/nuestras_publicaciones.html
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