Enfermedad de alzheimer

La enfermedad de Alzheimer es la forma más común de demencia en individuos mayores de 60 años. Con el incremento en la expectativa de vida de los seres humanos, la incidencia de la enfermedad de Alzheimer, cuyo principal factor de riesgo es el envejecimiento, va en aumento. La enfermedad de Alzheimer se manifiesta principalmente
por una fuerte pérdida de la memoria, disminución de la capacidad para realizar las tareas cotidianas, alteraciones del juicio, desorientación, cambios en la personalidad, dificultad
para aprender y pérdida de patrones lingüísticos.

Los síntomas se dividen en tres etapas; la primera se caracteriza por la pérdida de la memoria de corto plazo, la incapacidad de reconocer los lugares familiares y de seguir
un itinerario y desorientación en tiempo y espacio. En la segunda, hay un fuerte deterioro de todos los aspectos de la memoria, además de la pérdida del habla, movimientos
torpes y desorganizados e interrupción de la capacidad para reconocer estímulos previamente aprendidos o nuevos.

También existe un deterioro de la personalidad caracterizado por la pérdida del juicio y de la capacidad de pensamiento  abstracto y puede culminar en un estado psicótico. En
algunos casos hay la aparición de focos epilépticos. En la tercera etapa el deterioro intelectual es severo y el paciente pierde todo contacto con el mundo real, no reconoce a sus familiares y puede no reconocer su propia imagen frente al espejo. La muerte del individuo ocurre en un plazo de 6 a 12 años después de iniciada la enfermedad (Arias, 1999).

La enfermedad de Alzheimer afecta principalmente a la corteza cerebral, aunque las zonas de lesión parecen implicar selectivamente ciertas poblaciones neuronales.

En el cerebro de los pacientes aparecen dos alteraciones típicas de esta enfermedad: las placas seniles, que consisten en un conjunto de ramificaciones o brazos deformados de
las células del cerebro que rodean un núcleo de proteínas aglomeradas, y las marañas neurofibrilares, que son depósitos anormales de una proteína que se ensambla formando
filamentos helicoidales. Las marañas neurofibrilares pueden encontrarse en las mismas regiones cerebrales donde están las placas seniles.

Estas alteraciones ocurren en estructuras que están conectadas con la corteza cerebral en regiones encargadas de controlar procesos como la atención y vigilancia y el ciclo sueño-vigilia. Además de la presencia de las placas y marañas hay una pérdida neuronal masiva en las áreas del cerebro afectadas. Sin embargo, la presencia de las placas seniles y de las marañas neurofibrilares no es exclusiva de la enfermedad de Alzheimer; las marañas neurofibrilares aparecen en una variedad de neuropatologías y las placas seniles incluso están presentes en una gran proporción de ancianos sin demencia. No obstante, en éstos, las estructuras de las placas seniles parecen ser diferentes (Arias, 1999).

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